Ilustraciones editoriales generadas con IA; no son fotografías de Atacama ni imágenes adquiridas por satélites.
Ficha de expediente
En agosto de 2026, varias zonas del desierto de Atacama quedaron cubiertas de nieve tras tormentas invernales sucesivas. NASA documentó el cambio con imágenes de Landsat y una escena regional de MODIS. La sorpresa visual tiene una explicación física: aridez no significa ausencia absoluta de precipitación ni temperaturas altas en todo el territorio.
El relieve, la entrada de humedad y la circulación atmosférica ayudan a entender el episodio. Pero las observaciones también tienen límites: unas imágenes tomadas en días concretos no permiten asegurar que el mismo manto de nieve persistiera durante todo agosto. El caso exige separar lo observado, la explicación meteorológica y las conclusiones que todavía no pueden extraerse.
Qué se observó en agosto de 2026

El artículo de NASA Earth Observatory del 27 de agosto de 2026 compara una escena de Landsat 8 del 6 de agosto con otra de Landsat 9 del día 14. Muestran el entorno de la meseta de Chajnantor, donde se encuentra el observatorio ALMA, antes y después de un periodo de mal tiempo.
Una escena de MODIS, en el satélite Terra, amplía la vista el 19 de agosto. NASA la relaciona con otra tormenta de la segunda mitad del mes: la nieve se extendió desde los Andes hacia el núcleo hiperárido del desierto y llegó cerca del Pacífico al sur de Antofagasta.
Esas fechas ordenan el relato. El contraste local muestra un cambio entre dos observaciones; la imagen regional documenta una extensión mayor en otra fecha. No forman una grabación continua. Tampoco justifican hablar de todo Atacama cubierto de nieve: el alcance descrito corresponde a partes del norte de Chile.
Por qué puede nevar en un desierto tan seco
Un desierto se define por su escasez de precipitación, no por una temperatura uniforme. La pregunta es cómo llegan a coincidir suficiente humedad y condiciones térmicas que permitan la nieve. Esos requisitos pueden cumplirse de forma ocasional incluso en un paisaje que pasa largos periodos seco.
NASA explica que las bajas segregadas, conocidas como cutoff lows, aportan una parte importante de la precipitación invernal regional. Son sistemas de baja presión que quedan separados de la corriente en chorro. En el episodio descrito, una vaguada extensa y abundante humedad costera favorecieron una franja de precipitación especialmente amplia.
El mismo sistema meteorológico no tiene por qué producir nieve en todos los lugares. Según la temperatura del aire y la elevación, parte del agua puede alcanzar el suelo en forma líquida. Por eso es importante no convertir un mapa regional de precipitación en un mapa uniforme de nevadas.
La altura importa tanto como la humedad

El NRAO describe la meseta de Chajnantor con una altitud aproximada de 16.500 pies, equivalentes a unos 5.030 metros. Esa conversión conserva el carácter aproximado del dato: no es una medición nueva del emplazamiento ni la elevación exacta de cada antena.
La altitud ayuda a interpretar por qué un lugar del desierto puede recibir nieve cuando otras zonas reciben lluvia. Sin embargo, no basta por sí sola: también deben llegar humedad y una situación atmosférica favorable. La altura explica parte del contexto, no la fecha concreta en que aparece una tormenta.
Tampoco representa a todo Atacama. Entre la costa y el altiplano hay diferencias considerables de relieve y ambiente. Extrapolar las condiciones de Chajnantor a una localidad costera ocultaría precisamente la diversidad que permite entender un episodio como este.
Qué prueban las imágenes y qué no
La comparación satelital puede responder dónde cambió el aspecto del terreno entre las adquisiciones. Para saber cuánto tiempo duró la nieve en cada punto haría falta una serie de observaciones más completa. La presencia de blanco en dos fechas no demuestra que el mismo depósito permaneciera intacto entre ellas.
También hay que distinguir extensión y espesor. Una gran superficie cubierta no indica por sí sola cuánta nieve se acumuló ni cuánta agua aportaría al fundirse. Sin mediciones o productos específicos, convertir la imagen en una cifra de volumen sería ir más allá de lo documentado.
Esta cautela se aplica también a las ilustraciones que acompañan el artículo. Sus paisajes ayudan a imaginar el contraste, pero las pruebas están en las escenas originales enlazadas por NASA. Una recreación editorial no permite verificar fechas, delimitar el manto blanco ni evaluar el estado de las instalaciones científicas.
Un episodio meteorológico no define una tendencia
Un acontecimiento poco frecuente puede revelar mecanismos conocidos sin cambiar por sí solo la descripción climática de una región. Para saber si nevadas extensas se vuelven más frecuentes habría que comparar registros de muchos años con criterios consistentes, no únicamente seleccionar imágenes llamativas.
De igual forma, relacionar el episodio con condiciones de circulación de gran escala no equivale a atribuir toda su intensidad a una sola causa. La situación concreta combina varios ingredientes. Separar el contexto climático de una atribución cuantitativa evita presentar como conclusión lo que requeriría otro análisis.
El valor de este caso está en esa combinación de evidencia y explicación: las escenas documentan nieve en lugares y días identificables, mientras que la meteorología y el relieve ayudan a entender cómo fue posible. La rareza no necesita una causa extraordinaria; necesita fechas claras, una escala geográfica bien definida y atención a los límites de la observación.
Fuentes y documentación
- NASA Earth Observatory: Rare, Widespread Snow in the Atacama Desert. Publicación del 27 de agosto de 2026: identifica las escenas de los días 6, 14 y 19, distingue tormentas sucesivas y aporta el contexto meteorológico.
- NRAO: Chajnantor Plateau. Documenta la altitud aproximada y el emplazamiento elegido para ALMA; no es un informe de la nevada de 2026.
Fuentes consultadas el 18 de septiembre de 2026. La comparación no establece persistencia continua durante el mes, profundidad de la nieve ni una tendencia climática.
