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El tiburón duende, filmado vivo en dos hábitats del Pacífico

Dos vídeos obtenidos en 2019 y 2024 ofrecen las primeras observaciones in situ confirmadas del tiburón duende y amplían su rango conocido.

Durante décadas, casi todo lo que sabíamos del tiburón duende procedía de ejemplares capturados y llevados a la superficie. Eso cambió con dos registros de vídeo obtenidos en el Pacífico central: uno en 2019, cerca de la isla Jarvis, y otro en 2024, en la ladera de la fosa de Tonga. Un estudio publicado en mayo de 2026 los identifica como las primeras observaciones confirmadas de Mitsukurina owstoni vivo y en su entorno natural. Son dos encuentros extraordinarios, pero siguen siendo solo dos: amplían el mapa de la especie sin convertirlo todavía en una historia completa sobre su ecología.

El trabajo apareció como comunicación breve en Journal of Fish Biology. Sus autores revisaron las imágenes, compararon rasgos anatómicos y documentaron el contexto de cada grabación. El resultado corrige una carencia básica: hasta entonces, la mayoría de los registros fiables describían animales muertos o estresados por la captura. Verlos a profundidad permite saber dónde estaban sin asumir que el lugar de desembarque representa su hábitat.

Dos cámaras y dos encuentros separados por cinco años

La primera secuencia fue grabada en 2019 por el vehículo operado remotamente Hercules durante una expedición del E/V Nautilus. El animal apareció junto a un monte submarino no cartografiado al noroeste de la isla Jarvis, dentro del monumento marino de las Islas Remotas del Pacífico. La identificación llegó años después, cuando el material de la inmersión fue revisado de forma sistemática.

El segundo registro se obtuvo en 2024 desde el R/V Dagon. Esta vez no intervino un vehículo tripulado desde la superficie, sino una plataforma cebada que descendió hasta la ladera de la fosa de Tonga. La combinación de ambos casos extiende de forma considerable la distribución geográfica conocida y aumenta en 108 metros el límite de profundidad documentado para los tiburones lamniformes, el orden que también incluye a marrajos, tiburones blancos y peregrinos.

Ilustración conceptual de un tiburón duende ante las luces de un vehículo submarino
Ilustración conceptual. Las observaciones científicas reales proceden de un ROV y de una plataforma de vídeo cebada.

Cómo se reconoce a un tiburón duende

Mitsukurina owstoni es el único representante vivo de la familia Mitsukurinidae. Su perfil es difícil de confundir: hocico largo y aplanado, cuerpo blando, cola prolongada y mandíbulas que pueden proyectarse hacia delante. El hocico contiene numerosos poros asociados a las ampollas de Lorenzini, órganos que detectan campos eléctricos débiles producidos por otros animales.

Las colecciones de museos y las capturas previas sitúan a la especie en taludes continentales, montes submarinos y aguas profundas de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Sin embargo, esa distribución es muy discontinua. No está claro si refleja una población realmente dispersa o, en parte, el reducido esfuerzo de observación en zonas abisales. Un mapa construido con capturas accidentales siempre está sesgado hacia los lugares donde operan pesquerías y equipos de investigación.

Las mandíbulas extensibles han alimentado muchas imágenes espectaculares, pero los dos nuevos vídeos no permiten calcular la velocidad normal de nado, la frecuencia de alimentación ni el tamaño de una población. Tampoco muestran una conducta agresiva hacia personas: se trata de un tiburón de profundidad que rara vez coincide con actividades humanas fuera de la pesca y la exploración científica.

Lo que el vídeo demuestra y lo que no

La evidencia directa es concreta. Había un tiburón duende vivo en cada uno de los dos lugares y fechas documentados; la identificación anatómica es compatible con la especie; y el registro de Tonga amplía el rango de profundidad del orden. Las grabaciones también prueban el valor de conservar y volver a analizar archivos de expediciones: el encuentro de 2019 no se reconoció como relevante hasta años después.

Lo que no puede deducirse es igualmente importante. Dos observaciones no establecen rutas migratorias, áreas de cría, abundancia ni tendencia poblacional. La presencia junto a un monte submarino y en una fosa tampoco demuestra una preferencia exclusiva por esos ambientes. Para separar residencia, tránsito y atracción por el cebo hacen falta más cámaras, series temporales y registros ambientales comparables.

Representación editorial de una cámara cebada observando fauna del océano profundo
Las cámaras remotas permiten observar grandes profundidades sin llevar al animal a la superficie, pero cada encuentro sigue siendo una muestra limitada.

Por qué hacen falta más observaciones remotas

Los propios autores recomiendan ampliar el muestreo con vídeo remoto para aclarar las preferencias de hábitat y evaluar mejor el estado de conservación. Un ROV ofrece control, iluminación y detalle, aunque cubre poco espacio y puede alterar el comportamiento con ruido y luz. Las plataformas cebadas permanecen más tiempo y alcanzan grandes profundidades, pero seleccionan animales atraídos por el olor. Combinar métodos reduce los sesgos de cada uno.

También importa registrar temperatura, oxígeno, relieve y comunidades asociadas. Si futuros encuentros se concentran bajo determinadas condiciones, podrá comprobarse si responden a una preferencia ecológica. Sin esa repetición, el hallazgo debe leerse como un punto de partida: por primera vez tenemos al tiburón duende vivo en su paisaje, pero aún no conocemos su vida cotidiana.

Escala de evidencia

  • Observado: dos tiburones duende vivos filmados in situ en 2019 y 2024.
  • Medido: ampliación geográfica y del rango de profundidad documentado.
  • Pendiente: abundancia, migración, reproducción, dieta habitual y preferencias de hábitat.
  • No demostrado: que los dos lugares representen el núcleo de distribución de la especie.

Fuentes primarias e institucionales